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09/09/2026 - SALUD
Aftas en la boca: por qué aparecen, cuánto duran y cómo aliviar el dolor
Las llagas o aftas bucales suelen desaparecer por sí solas en una o dos semanas, pero algunos casos requieren atención médica. Conocer sus posibles desencadenantes y las señales de alerta permite distinguir una lesión frecuente de aquellas que pueden estar relacionadas con otras enfermedades.


Cómo son las aftas y dónde aparecen

Las aftas o úlceras bucales son lesiones frecuentes que pueden provocar dolor, inflamación y sensibilidad, especialmente al comer, beber, hablar o cepillarse los dientes.

A diferencia del herpes labial, no aparecen en la superficie externa de los labios ni son contagiosas. Habitualmente se localizan en la cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, dentro de los labios o en el paladar blando.

Suelen presentar un centro blanquecino, grisáceo o amarillento rodeado por un borde rojizo. En algunos casos, antes de que aparezcan pueden generar ardor, molestia u hormigueo.

La mayoría desaparece sin tratamiento en aproximadamente una o dos semanas. Sin embargo, la persistencia, recurrencia o aparición de otros síntomas puede justificar una consulta profesional.

No todas las llagas tienen el mismo origen

Aunque el término "afta" suele utilizarse para distintas lesiones de la boca, existen diferentes tipos.

La forma menor es la más frecuente y suele producir lesiones pequeñas, redondeadas y que se curan sin dejar marcas. Las aftas mayores son menos habituales, más profundas y dolorosas, y su recuperación puede extenderse hasta seis semanas.

También existe la variante herpetiforme, caracterizada por numerosas ulceraciones pequeñas que pueden llegar a agruparse.

Además, algunas lesiones que parecen aftas pueden corresponder a otros cuadros. Entre ellos aparecen la eritroplasia, la leucoplasia, el liquen plano oral, la candidiasis y el cáncer oral. La evolución de la lesión resulta, por eso, un elemento importante para determinar si requiere evaluación.

Cuándo es necesario consultar

El dolor al comer, hablar o beber es uno de los síntomas más habituales, pero hay determinadas características que pueden indicar la necesidad de consultar a un profesional.

Una lesión que sea diferente a las habituales, especialmente grande, cercana a la garganta o acompañada por sangrado y enrojecimiento progresivo, debe ser evaluada.

También es importante prestar atención cuando las llagas aparecen junto con manifestaciones en otras partes del cuerpo, como lesiones en la piel o los genitales, o articulaciones inflamadas y dolorosas.

Otra señal de alerta es que la lesión persista durante dos o tres semanas en lugar de desaparecer.

Traumatismos, estrés y déficits nutricionales entre las posibles causas

Las aftas pueden aparecer por diferentes motivos y, en algunos casos, no es posible identificar un desencadenante concreto.

Entre las situaciones que pueden favorecer su aparición se encuentran morderse accidentalmente la mejilla, cepillarse los dientes de manera agresiva, utilizar aparatos de ortodoncia o prótesis mal ajustadas, tener un borde dental filoso o sufrir una quemadura con alimentos o bebidas calientes.

El cansancio, la tensión emocional y determinados cambios hormonales, como los relacionados con la menstruación o el embarazo, también pueden estar vinculados con su aparición.

El estado nutricional es otro factor a considerar. Se han señalado posibles asociaciones con carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D, además de sensibilidad a determinados alimentos, como frutas ácidas, comidas muy condimentadas, chocolate, frutos secos o quesos.

También puede existir sensibilidad a algunos productos de higiene oral, entre ellos dentífricos o enjuagues que contienen lauril sulfato de sodio.

Un metaanálisis publicado en 2024 encontró que las personas con aftas recurrentes presentaban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro y niveles reducidos de hemoglobina. Sin embargo, los propios autores señalaron que esta asociación no demuestra por sí misma una relación causal y que la evidencia es limitada o desigual para algunos indicadores.

Cuando las aftas pueden estar relacionadas con otras enfermedades

En determinados casos, especialmente cuando las lesiones son múltiples o reaparecen con frecuencia, pueden existir condiciones subyacentes.

Entre las enfermedades y situaciones asociadas se encuentran la enfermedad celíaca, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva y algunas infecciones virales, bacterianas o fúngicas.

También pueden aparecer en personas con el sistema inmunitario debilitado, incluido el VIH/sida. El NHS menciona además la enfermedad mano-pie-boca entre las posibles causas de lesiones bucales.

Qué ayuda a aliviar el dolor

No existe necesariamente una solución inmediata para las aftas. El tratamiento suele concentrarse en reducir la irritación y aliviar las molestias mientras la lesión se cura.

Entre las medidas que pueden ayudar se encuentran:

  • Mantener una buena hidratación.
  • Preferir alimentos blandos.
  • Evitar comidas picantes, saladas o ácidas.
  • Utilizar un cepillo de dientes de cerdas suaves.
  • Probar enjuagues con agua con sal.
  • Consumir bebidas frías para reducir las molestias.

También existen productos de venta libre destinados a controlar el dolor o prevenir infecciones, como colutorios antimicrobianos, geles analgésicos, aerosoles, comprimidos y enjuagues salinos.

En casos más intensos, un profesional puede indicar anestésicos tópicos, cremas con esteroides u otros tratamientos, especialmente cuando existe una enfermedad autoinmune subyacente.

Cómo reducir el riesgo de que vuelvan a aparecer

No siempre es posible prevenir las aftas, pero determinadas medidas pueden disminuir la frecuencia de aparición.

Mantener una buena higiene bucal, con cepillado regular, hilo dental y controles odontológicos, es una de las principales recomendaciones. También es importante mantener una alimentación equilibrada que incluya frutas, verduras y cereales integrales para reducir el riesgo de carencias nutricionales.

Identificar alimentos o productos que desencadenen las lesiones y evitarlos puede ser útil. En personas que utilizan ortodoncia o prótesis, además, resulta conveniente corregir las superficies que provoquen rozaduras.

En definitiva, la mayoría de las aftas son lesiones benignas y temporales, pero su persistencia, recurrencia o asociación con otros síntomas debe ser motivo de consulta para determinar si existe una causa que requiera tratamiento.


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