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11/10/2026 - SALUD
Tener un perro puede ayudar a combatir la soledad y favorecer el bienestar emocional
La compañía de un perro puede contribuir a sostener rutinas, aumentar la actividad física y facilitar el contacto social, según investigaciones citadas por especialistas en psicología. Los expertos advierten, sin embargo, que estos beneficios varían según cada persona y que convivir con una mascota no reemplaza la atención profesional en salud mental.


La convivencia con un perro puede representar mucho más que tener una mascota en el hogar. Para algunas personas, especialmente aquellas que atraviesan períodos de soledad o dificultades emocionales, el vínculo cotidiano con un animal puede aportar compañía, estructura y oportunidades para mantenerse activas.

Una revisión de estudios recopilados por la investigadora Diane Dreher, citada por Infobae, aborda los posibles efectos físicos y emocionales de la relación entre las personas y los perros, con investigaciones sobre estrés, ansiedad, depresión, infancia y adultos mayores.

Paseos y cuidados que ayudan a organizar el día

Alimentar al animal, mantener su higiene, jugar con él y sacarlo a pasear son actividades que requieren constancia. Esa rutina puede ayudar a organizar la jornada y ofrecer motivos para salir de casa, especialmente a quienes viven solos.

Los paseos también favorecen la actividad física y pueden generar oportunidades de interacción con otras personas en plazas, parques y veredas. Aunque estos contactos no necesariamente resuelven la soledad, pueden ampliar las posibilidades de conexión social.

En los adultos mayores, la compañía de un perro puede adquirir especial relevancia cuando disminuyen las oportunidades de encuentro o la red de apoyo cotidiano. La presencia del animal puede aportar una sensación de compañía y propósito, sin eliminar necesariamente las causas del aislamiento.

Qué dicen los estudios sobre el estrés

Distintas investigaciones analizaron los posibles mecanismos biológicos asociados con la interacción entre humanos y animales. Una revisión publicada en 2012 por Andrea Beetz y otros investigadores examinó cómo ese contacto podría relacionarse con una mayor sensación de calma.

Algunos trabajos observaron asociaciones entre las interacciones positivas con perros y cambios en los niveles de cortisol, una hormona vinculada con la respuesta al estrés, y de oxitocina, relacionada con los vínculos sociales.

Sin embargo, los resultados deben interpretarse con cautela. La asociación entre convivir con una mascota y determinados indicadores de bienestar no demuestra que el animal sea la única causa de esos cambios. La salud mental también está influida por las condiciones de vida, la salud física, las relaciones personales y el acceso a atención profesional.

Un vínculo que también puede ser importante durante la infancia

Los perros pueden convertirse en una fuente de cercanía y consuelo para niños y adolescentes. Jugar con ellos, acariciarlos o simplemente compartir tiempo puede ofrecer una interacción previsible y contribuir a gestionar algunas emociones después de una situación estresante.

El artículo también menciona a los perros de servicio para personas con trastorno por estrés postraumático. Estos animales reciben entrenamiento específico para reconocer determinadas señales de angustia y brindar apoyo a sus cuidadores.

Los especialistas distinguen estas funciones de las de una mascota de compañía: aunque el vínculo cotidiano puede resultar valioso, no reemplaza el acompañamiento de adultos responsables ni los tratamientos que puedan necesitar niños, adolescentes o adultos.

Los perros también participan en programas terapéuticos

En algunos hospitales, consultorios y programas de acompañamiento se utilizan perros entrenados para facilitar la interacción y ayudar a reducir el estrés durante determinadas intervenciones.

Los resultados dependen de factores como la edad, el diagnóstico, el entorno y las características de cada paciente. Por eso, las intervenciones asistidas con animales requieren personal capacitado, protocolos adecuados y medidas de higiene y seguridad.

Un estudio publicado en 2018 por Danielle Brooks y colaboradores recogió experiencias de personas con problemas de salud mental que describieron a sus mascotas como una fuente de apoyo para manejar síntomas, mantener rutinas y sentirse acompañadas. Al basarse en experiencias reportadas por los participantes, el trabajo no permite establecer por sí solo un efecto clínico directo.

Los paseos regulares del animal facilitan el orden de la rutina diaria y fomentan la interacción social en espacios públicos.

Adoptar también implica una responsabilidad

Aunque tener un perro puede contribuir al bienestar emocional, incorporar una mascota exige evaluar si existen las condiciones necesarias para cuidarla. La alimentación, la atención veterinaria, los paseos, el tiempo disponible y un ambiente adecuado forman parte de esa responsabilidad.

También es importante considerar las necesidades, la edad y el temperamento del animal, así como los cambios que su cuidado puede generar en la vida de una persona.

La conclusión de los especialistas es que el vínculo con un perro puede ser un complemento valioso para el bienestar, pero no constituye una solución universal frente a la soledad, la ansiedad o la depresión. Cuando el malestar emocional persiste, resulta importante buscar orientación profesional.


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