El neurólogo salvadoreño Ricardo López Contreras explicó que el proceso asociado con la enfermedad puede comenzar décadas antes de que aparezcan problemas de memoria. También destacó la importancia de controlar factores cardiovasculares, mantener actividad física y fortalecer la reserva cognitiva.
Los cambios cerebrales vinculados con la enfermedad de Alzheimer pueden comenzar de manera silenciosa hasta 20 años antes de los primeros síntomas, según explicó el neurólogo especialista Ricardo López Contreras.
El especialista señaló que una persona que comienza a presentar problemas de memoria a los 60 años podría haber desarrollado alteraciones cerebrales desde los 40. Durante ese período pueden acumularse depósitos de beta-amiloide sin que todavía existan cambios perceptibles en las capacidades cognitivas.
Años después puede comenzar a acumularse la proteína tau, asociada con la neurodegeneración, el daño neuronal y la aparición de síntomas vinculados con el deterioro cognitivo leve y la demencia.
El cerebro puede cambiar antes de que aparezcan los síntomas
Según explicó López, el hipocampo, una estructura relacionada con la memoria, es una de las primeras zonas donde pueden concentrarse estas alteraciones. Por ese motivo, las dificultades para recordar hechos recientes suelen encontrarse entre las primeras manifestaciones de la enfermedad.
Con el avance del proceso, los depósitos de beta-amiloide y tau pueden extenderse hacia otras regiones cerebrales, como las áreas frontal, parietal y occipital. En etapas más avanzadas, el proceso puede acompañarse de pérdida de neuronas, conexiones y tejido cerebral.
El especialista señaló que la reducción del hipocampo puede observarse mediante resonancias magnéticas. También mencionó las tomografías por emisión de positrones, que permiten observar el consumo de oxígeno y glucosa en el cerebro y detectar cambios en la actividad de las regiones afectadas.
La importancia de construir una reserva cognitiva
López sostuvo que la prevención debe comenzar desde edades tempranas y mantenerse durante toda la vida. “Nunca es demasiado tarde, pero tampoco demasiado temprano”, afirmó.
El neurólogo explicó que la reserva cognitiva está relacionada con la cantidad de conexiones entre las neuronas. Estas redes se desarrollan mediante el aprendizaje, los nuevos desafíos y las actividades que requieren un esfuerzo mental sostenido.
Según su explicación, una mayor cantidad de conexiones puede ayudar al cerebro a compensar parcialmente las pérdidas provocadas por enfermedades neurodegenerativas.
Esta capacidad está vinculada con la neuroplasticidad, mediante la cual otras áreas cerebrales pueden asumir determinadas funciones cuando una región comienza a deteriorarse.
Hipertensión, diabetes y colesterol entre los factores de riesgo
El especialista también puso el foco en los factores cardiovasculares que pueden afectar la salud cerebral. Entre ellos mencionó la hipertensión arterial, diabetes, obesidad, triglicéridos elevados y colesterol alto.
López destacó especialmente el colesterol LDL y advirtió que un nivel elevado puede representar un riesgo a largo plazo para el desarrollo de demencia, incluso cuando el colesterol total se encuentre dentro de parámetros normales.
Por ese motivo, planteó la importancia de realizar controles preventivos desde la infancia y durante las distintas etapas de la vida, con el objetivo de detectar y tratar estos factores antes de que generen consecuencias posteriores.
Según la cifra citada por el neurólogo, en países de Latinoamérica, África y otras naciones de ingresos bajos y medianos, la reducción de los factores cardiovasculares podría disminuir hasta un 56% el riesgo de padecer demencia cuando estas condiciones son corregidas adecuadamente.
Alimentación y ejercicio para proteger la salud cerebral
Entre las recomendaciones del especialista se encuentra una alimentación similar a la dieta mediterránea, con mayor presencia de pescado, carnes blancas, frutas, frutos rojos, vegetales y aceite de oliva, junto con una reducción del consumo de carnes rojas, ultraprocesados y comida chatarra.
También destacó el ejercicio físico como una herramienta importante para cuidar la salud cerebral y cardiovascular. Mencionó actividades aeróbicas, ejercicios de fuerza y estiramientos.
La recomendación que citó es de al menos 150 minutos de actividad física semanal, que pueden distribuirse en 30 minutos diarios o una hora tres veces por semana.
Según López, la actividad física puede contribuir al control de la glucosa, la presión arterial, el colesterol y los triglicéridos. “Todo lo que es bueno para tu corazón es bueno para tu cerebro”, expresó.
Socialización, salud oral y descanso
El neurólogo resumió sus principales recomendaciones preventivas en cinco hábitos: cuidar el corazón, mantenerse activo, alimentarse de manera saludable, desafiar al cerebro y socializar.
También señaló que el aislamiento social puede favorecer la depresión y la pérdida de conexiones cerebrales. Por eso consideró especialmente importante mantener actividades y vínculos durante la adultez mayor.
La salud oral fue otro de los aspectos mencionados. López relacionó la mala higiene dental, la gingivitis y la enfermedad periodontal con procesos de inflamación crónica que pueden favorecer mecanismos asociados con el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas.
Finalmente, destacó la importancia de dormir adecuadamente. Según explicó, durante el sueño profundo interviene el sistema glinfático, relacionado con la eliminación de sustancias acumuladas en el cerebro, entre ellas la beta-amiloide y la proteína tau.
Para el especialista, una mala calidad del sueño constituye otro factor de riesgo relacionado con el deterioro cognitivo y la demencia.
