Domingo 05 de Abril de 2026







 05/04/2026 - DEPORTES
Independiente le ganó a Racing y se quedó con el clásico de Avellaneda en un partido dramático

Gracias a Gabriel Ávalos, el equipo de Gustavo Quinteros venció por 1-0 a la Academia, por la fecha 13 del Torneo Apertura 2026. Maravilla Martínez erró un penal y hubo un escándalo en la platea. Reviví lo mejor.



Lo ganó Ávalos y lo perdió Maravilla: pocas veces un triunfo y una derrota tienen su cara tan nítidamente definida. Hay otros héroes no tan visibles, pero ahí están. Como Montiel, como el pibe Valdez para levantar en el segundo tiempo, como Pérez Cursi para acomodar el andar de un Independiente partido y errático. Y otros villanos, claro, como Costas, que hizo jugar a Racing al revés de la lógica evidente, como Conechny que definió siempre mal, como García Baso y su incomodidad de jugar donde no debió hacerlo. En un partido, también con dos caras: un primer tiempo de espanto y otro en el que costó mantener el traste en la silla. Lo ganó Independiente porque siempre fue a más, aún en contra de los libros; lo perdió Racing por lo contrario, por no animarse a cambiar el libreto.




Más de media hora tardó Racing en poner la pelota contra el piso y hacer lo que el partido le pedía a los gritos. Antes que eso, fue un loop de bochazos a la segunda pelota, en un planteo básico, haragán y poco ambicioso. Y poco inteligente, también, porque la media cancha de Independiente era una invitación a tener la pelota y hacerla circular, porque los huecos defensivos iban a aparecer por sí solos. Está claro que Quinteros apostó todas las fichas a un casillero, y se la jugó entero amontonando gente de ataque a costa (o a Costas) de entregar el balance defensivo. Que Millán, que Malcorra, que Montiel, que Valdez, para que el pobre Marcone tuviera que correrlos a todos con una soga. Pero no. Racing eligió meter bochazos sin ton ni son para los tres de arriba, un desperdicio para un Toto Fernández que siempre aparecía libre, lúcido y con capacidad de desequilibrar. Un monumento al desperdicio.




Por eso, Independiente se sintió cómodo de entrada, porque podía manejar la pelota y la recuperaba relativamente fácil con la última línea atenta a los globos aerostáticos que caían en la cercanía del área. Así y todo, al Rojo le costó generar situaciones, porque 1) no le sobraban los espacios y 2) ante tanto ligerito no había uno que bajara la pelota y se pusiera a pensar. Por eso, Racing no sufrió y generó un par de chances: un pelotazo muy preciso de 30 metros de Di Cesare a Solari, que inventó una pirueta que se fue cerca; y un córner muy cerrado que terminó Avalos con un peligroso cabezazo al arco propio que se fue cerquita del primer palo. Todo, contra un tiro lejano de Montiel y nada más.



El partido fue un bodrio hasta que por fin a Toto Fernández le pusieron una pelota con todo un campo a disposición. Y ahí nació el pase perfecto a Conechny, el mano a mano con Rey y el penal por mano de Valdez. Más allá de la resolución insólita de Maravilla , el show de abrazos que se dio a continuación y la demora por el alambre roto detrás del banco de Costas, el partido se terminó de romper en el mal sentido, porque aunque Rey Hilfer diera 20 minutos de adicional, nadie quería jugar, al punto que el PT cerró con un tiempo neto de poco más de 15 minutos. Un sinsentido.



Más allá de todo, quedó claro que Independiente esquivó un balazo y quebró la dinámica del roce constante, la rosca y el sinfín de imprecisiones. Y entonces apareció un partido de ida y vuelta, con espacios a espaldas de los laterales de uno y otro. Primero Cambeses salvó un tiro picantísimo de Malcorra (primera situación clara del Rojo en el partido); después Maravilla erró un gol imposible, peor que el penal, luego de una habilitación de Toto para un desborde de Solari, y un jugadón de Rodriguez que dejó el surco por izquierda sin que nadie llegara a tocarla. En el ida y vuelta, Independiente quedaba expuesto por su falta de equilibrio, por es Quinteros intentó arreglar el entuerto que él mismo creó con el ingreso de Pérez Cursi, que le dio algo más de firmeza en el medio pero también un criterioso primer pase que hasta ahí el Rojo no tenía.




Saludable actitud de Independiente para ir a buscar. Insólita, también, la aptitud de la Academia de no aprovechar las hectáreas que dejaba el Rojo a lo ancho y a lo largo. Por eso hubo partido hasta el final y fue, literalmente, una moneda al aire. Así, Cannavo salvó ante Malcorra, y Conechny eligió darle un pase a Maravilla cuando tenía un tiro abierto de cara a Rey, y Avalos exigió a Cambeses con un tiro corto. El resultado se rompió con una fórmula poco explorada hasta allí por el local: aprovechar la velocidad de Montiel ante un lateral izquierdo improvisado como García Baso, en otra mala decisión de Costas. De ahí vino el desborde y el anticipo de Ávalos para desatar la locura de los hinchas. Un premio merecido para Independiente, que puso el deseo de ganar por encima de todo. Y un castigo para un Racing que hace rato que juega para Deportivo Maravilla, y ahí quedó, encerrado en su propio laberinto.


Así fue la victoria de Independiente ante Racing en el clásico de Avellaneda














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