Sábado 20 de Julio de 2024







 10/07/2024 - DEPORTES
España empequeñeció a Francia y ahora es el favorito en la final de la Eurocopa

La posesión irrenunciable, pase lo que pase, tiene la compañía de la eficacia; con un estilo opuesto, el subcampeón del mundo sufrió ese poderío


El debate lleva instalado entre nosotros, como mínimo, medio siglo. Gira en torno a dos conceptos y ha merecido, y seguirá mereciendo, horas de charlas y ríos de tinta. ¿Cuál es la diferencia entre jugar bien y jugar lindo? ¿Son parámetros que pueden convivir o resultan excluyentes?


En Múnich, España y Francia brindaron en la primera semifinal de la Eurocopa unos cuantos argumentos para reflotar la discusión en el bar o la sobremesa familiar. Fue el duelo entre un equipo que juega indudablemente lindo y otro con clara tendencia a caminar por la vereda de enfrente, aunque los dos, cada cual con su estilo, sumen una alta cantidad de bondades que les permite ganar más veces que las que pierden. En esta ocasión le tocó festejar al que conjuga ambas virtudes, y su victoria fue inapelable, construida además mediante dos golazos plenos de belleza futbolera.


La Roja se plantó en la final dando vuelta un partido que se le había puesto de espaldas desde el inicio, y Francia esta vez acabó entregándose casi sin luchar, dejando una imagen muy diferente a la que las retinas guardan de Qatar 2022. Pero a su recorrido por el torneo no se puede hacerle grandes objeciones. Jugó igual de bien que siempre, sólo que, como en la final del Mundial, durante muchos minutos tuvo enfrente un conjunto de mayores y mejores herramientas.


La España de Luis De la Fuente remite de manera indefectible a la del período 2008-2012, aquella que enhebró tres títulos de campeón, la que convertía en ejercicio utópico quitarle la pelota y, salvo excepciones, ganaba sus partidos con resultados apretados. Ha conseguido sostener una forma de entender el fútbol por encima de las decepciones de los últimos tiempos, y desde eso aprendió a esperar que aparecieran los talentos que le brinden posibilidades de hacer los ajustes necesarios y recuperar las alegrías. Ahora los tiene, y con ellos se quedó con la última Liga de Naciones y se dio el gusto de volver a una final de Eurocopa.


No hay táctica exitosa en el fútbol que pueda ser llevada a cabo sin grandes intérpretes. España los tiene, sobre todo en la zona de gestación. Ahí, donde se decide cómo quiere jugar un equipo, RodriFabián Ruiz Dani Olmo (Pedri, antes de su lesión) diseñan la estructura del edificio, y por las alas, Lamine Yamal y Nico Williams le añaden los brochazos que marcan las diferencias.


El pibe de Barcelona es, sin dudas, la gema más brillante de la nueva joyería hispana. Cuesta mucho encontrarle puntos flacos a Yamal. A su velocidad y su desparpajo les suma personalidadespíritu colectivo y conocimiento del juego. Y sobre todo, gambeta, un instrumento capaz de romper todo sistema defensivo y cambiar el rumbo de los partidos.


A los 20 minutos del primer tiempo y estando 1 a 0 en contra, el chico de 16 años que pasa las horas libres en la concentración estudiando para aprobar sus últimas materias del curso en la escuela secundaria, se corrió de la derecha al centro, amagó dos veces con el cuerpo ante Adrien Rabiot y sin anuncio sacó un zurdazo enroscado que se metió allá arriba, en el ángulo derecho del arco de Mike Maignan. El golazo rescató a España del desconcierto momentáneo que le había creado una desventaja sorpresiva por un centro de Kylian Mbappé desde la izquierda y un cabezazo limpio de Randal Kolo Muani a los 8 minutos, y acomodó el encuentro al desarrollo esperable.


La pintura estaba esbozada desde que se conoció el cartel de la semifinal: la posesión sería española; la solidez en la marca y el contraataque veloz, de los franceses. El tanto de Kolo Muani reafirmó la idea; la irrupción de Yamal la desarmó por completo. Y como si faltara algo, a los 24 Dani Olmo recibió en el área bleu un despeje corto, con dos toques en el aire se deshizo de Aurélien Tchouaméni y sacó un derechazo cruzado que el esfuerzo de Jules Koundé terminó de incrustar en la red.


Desde ese momento, y salvo durante el cuarto de hora inicial de la segunda mitad, cuando el orgullo francés quiso inclinar el campo hacia Unai Simón más por empuje que por juego, la Roja dictó una función de cómo jugar bien y jugar lindo pueden ir de la mano. Cabe discutir si cada tanto su gusto por hacer circular el balón de un lado al otro de la cancha tiende al exceso, como si disfrutara más de la tenencia que de la búsqueda del arco de enfrente, como ocurrió en la media hora final. Se puede debatir si ese chip que se pone en funcionamiento de manera automática con el marcador en favor es una invitación a atraer al adversario al campo propio, caminar por la cornisa del error y correr riesgos innecesarios (hace cuatro días Alemania le empató sobre la hora, y ahora Mbappé desperdició un derechazo con todo en favor a cinco minutos del cierre). Pero es el modo español de entender el juego, y lo pone en práctica cualquiera sea el rival.


Compacto de España 2 vs. Francia 1



                   



Francia fue bajando los brazos poco a poco. A medida que fue dándose cuenta de que su receta no funcionaba, y de que tampoco tenía más cartas en el mazo. Didier Deschamps descree de los volantes creativos –renunció a ellos una vez que Paul Pogba desapareció de la élite– y de la elaboraciónEl Mbappé que pasó por Alemania fue una mala fotocopia del que todo el mundo conoce, y el resto no ofreció alternativas válidas. No fue malo, aunque sí feo, el desempeño del subcampeón del mundo en el torneo. Tiene un método y no lo cambia. Le sirvió mientras pudo hacer lo que sabe y le gusta; se desvaneció cuando le cantaron la falta envido.


España llega a la final y saldrá a jugarla con el favoritismo de su lado, más allá de que enfrente estén los ingleses o los neerlandeses. Su marcha por la Euro la coloca en ese lugar privilegiado. Podrá ganar o perder, pero su fútbol ya ha logrado lo más importante: gambetear los debates. Juega bien y juega lindo. ¿Qué más se puede pedirle?


 


 


 


 


FUENTE: LA NACION.


 











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