La próxima temporada de dengue en Argentina empieza a definirse antes de la llegada del verano. Las condiciones climáticas previstas, la circulación de distintos serotipos del virus, los viajes y una menor percepción del riesgo podrían combinarse y generar un escenario favorable para la propagación de la enfermedad.
Uno de los factores que genera atención es el fenómeno de El Niño, que puede modificar los patrones de temperatura y precipitaciones. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que sus efectos persistan hasta febrero de 2027 y que alcance una intensidad muy fuerte hacia fines de 2026.
Sin embargo, sus consecuencias no serán iguales en todas las regiones: pueden incluir lluvias superiores a los valores habituales, olas de calor y otros eventos extremos.
La médica infectóloga Florencia Cahn, expresidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), explicó que El Niño puede generar condiciones favorables para la proliferación del mosquito transmisor, aunque su impacto depende de las características de cada territorio.
El calor y el agua acumulada aceleran el ciclo del mosquito
El médico pediatra y especialista en medicina climática y salud ambiental Damián Markov señaló que las temperaturas elevadas aceleran tanto el desarrollo del mosquito como la multiplicación del virus dentro del insecto.
Con condiciones adecuadas de temperatura y humedad, el ciclo de desarrollo del Aedes aegypti puede completarse en una semana o menos.
Este mosquito vive cerca de las personas y deposita sus huevos en recipientes con agua o en superficies que pueden volver a inundarse. Entre los posibles criaderos se encuentran:
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Neumáticos y baldes.
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Macetas y bebederos de animales.
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Canaletas y rejillas.
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Recipientes abandonados en patios y terrazas.
Las lluvias intensas pueden aumentar la cantidad de objetos que retienen agua. Pero la sequía tampoco elimina el peligro: cuando falta agua, muchas familias recurren al almacenamiento en tanques, recipientes y baldes que, si permanecen destapados, también pueden convertirse en criaderos.
Además, los huevos del mosquito pueden resistir durante meses en las paredes de recipientes secos. Cuando vuelve a llover y el agua alcanza esas superficies, el ciclo reproductivo puede reanudarse. Por eso, no alcanza con vaciar los recipientes: también es importante cepillar sus paredes y bordes.
Qué regiones deben prestar mayor atención
El norte y el centro de Argentina, junto con Uruguay y el sur de Brasil, podrían experimentar cambios en las precipitaciones vinculados con la interacción entre El Niño y el calentamiento global.
En el noreste y el centro del país, Markov recomendó prestar atención a las lluvias acumuladas, la humedad del suelo y del ambiente, la nubosidad y las temperaturas durante la semana o los diez días posteriores a cada tormenta.
La vigilancia también puede incluir el uso de ovitrampas, dispositivos que permiten detectar huevos de mosquitos y conocer si su presencia aumenta en determinadas zonas. Esa información ayuda a orientar las tareas de descacharrado, las campañas barriales y las acciones de control del vector.
El antecedente de la epidemia de 2024
La temporada 2023-2024 registró la mayor epidemia de dengue de la historia argentina, con más de 500.000 casos notificados, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación.
Ese período coincidió con un episodio de El Niño de fuerte intensidad y con temperaturas récord a escala global. Sin embargo, esa coincidencia no permite establecer una relación causal directa entre el fenómeno climático y el brote.
El dengue tiene cuatro serotipos: DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4. Haber atravesado una infección brinda protección duradera frente al serotipo que la provocó, pero no protege contra los otros. Además, una infección previa se encuentra entre los factores asociados a un mayor riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad.
Los viajes también pueden favorecer la circulación del virus. Una persona infectada puede trasladarse entre ciudades, provincias o países sin presentar síntomas. Si un mosquito la pica en el lugar de destino, puede adquirir el virus y transmitirlo a otras personas.
Por ese motivo, los desplazamientos durante las vacaciones representan otro factor que debe tenerse en cuenta antes del comienzo de la temporada.
La falsa sensación de que el riesgo desapareció
Cahn describió como una “tormenta perfecta” la coincidencia de condiciones ambientales favorables, una elevada presencia del mosquito, circulación viral y personas susceptibles de infectarse.
La especialista advirtió que, después de dos temporadas con menos casos que durante el gran brote de 2023-2024, parte de la población podría relajar las medidas de prevención.
También señaló que existe la percepción equivocada de que el dengue es un problema exclusivo del verano o de determinadas regiones del país.
Los expertos remarcan que la prevención debe sostenerse durante todo el año, especialmente en viviendas desocupadas, patios sin mantenimiento, talleres, basurales y otros espacios donde pueden quedar recipientes expuestos a la intemperie.
Qué deben hacer los municipios y los equipos de salud
La preparación no depende solamente de las acciones individuales. Cahn consideró necesario que las autoridades monitoreen los casos sospechosos y confirmados, los contagios autóctonos, la positividad de las pruebas diagnósticas y los serotipos virales que circulan.
También resulta importante seguir la presencia del mosquito y las condiciones meteorológicas para detectar señales tempranas de un posible aumento de la transmisión.
Por su parte, Markov destacó la necesidad de que los municipios organicen operativos de descacharrado en espacios públicos, campañas de comunicación y controles en predios abandonados.
Los equipos sanitarios también deben estar preparados para reconocer síntomas compatibles con dengue, como fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares o articulares, náuseas, vómitos y erupciones en la piel.
Las principales medidas para prevenir el dengue
Los especialistas insisten en que la medida más efectiva para reducir la población de mosquitos es eliminar los recipientes que puedan acumular agua.
Entre las recomendaciones se encuentran:
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Tapar los tanques y depósitos de agua.
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Descartar, guardar bajo techo o dar vuelta los objetos que no se utilizan.
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Cambiar periódicamente el agua de macetas, bebederos y baldes, y cepillar sus bordes.
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Limpiar canaletas, rejillas y desagües.
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Revisar patios y terrazas antes de salir de vacaciones.
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Utilizar repelente, ropa que cubra la piel y mosquiteros para reducir las picaduras.
En bebés y niños pequeños que todavía no pueden utilizar repelente según las indicaciones correspondientes, se recomienda reforzar las barreras físicas, como la ropa de manga larga y los mosquiteros.
La vacunación también puede formar parte de la estrategia preventiva cuando está indicada, de acuerdo con las recomendaciones sanitarias vigentes y la evaluación de cada persona.
Cuáles son los síntomas y las señales de alarma
Ante la aparición de fiebre, decaimiento, dolor de cabeza, dolor detrás de los ojos, molestias musculares o articulares, náuseas, vómitos o manchas rojas en la piel, se recomienda realizar una consulta médica y evitar la automedicación.
Existen, además, síntomas que requieren atención inmediata, especialmente cuando la fiebre comienza a ceder:
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Dolor abdominal intenso y persistente.
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Vómitos continuos.
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Sangrado.
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Somnolencia o desmayos.
La prevención, la vigilancia epidemiológica y la preparación de los servicios de salud son fundamentales para anticiparse a un posible aumento de los contagios. Los especialistas advierten que las condiciones climáticas pueden favorecer la transmisión, pero un escenario de riesgo no significa que un nuevo brote sea inevitable.
