Un fenómeno climático que también amenaza la salud
El avance de El Niño durante el período 2026-2027 genera preocupación entre especialistas y organismos sanitarios por sus posibles consecuencias sobre la salud pública. Las previsiones climáticas apuntan a un episodio de gran intensidad, con lluvias extremas en algunas regiones, sequías en otras y temperaturas superiores a los valores habituales.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) identificó siete grandes riesgos sanitarios vinculados con este escenario. Entre ellos figuran las enfermedades transmitidas por el agua y los mosquitos, las interrupciones en la vacunación y las dificultades para garantizar el acceso a servicios esenciales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también advirtió que las variaciones de temperatura y precipitaciones pueden favorecer la expansión de enfermedades hacia zonas donde anteriormente tenían una circulación limitada.
Inundaciones y agua contaminada: el riesgo de infecciones
Las lluvias torrenciales y los desbordes de ríos pueden provocar el colapso de los sistemas de saneamiento y contaminar las fuentes de agua potable. Estas condiciones favorecen la aparición de distintas enfermedades infecciosas.
Entre las principales amenazas se encuentran:
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Leptospirosis: infección bacteriana que puede transmitirse por el contacto con agua o barro contaminados con la orina de animales infectados, especialmente roedores.
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Hepatitis A: enfermedad que puede propagarse a través del consumo de agua o alimentos contaminados.
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Gastroenteritis y diarreas: infecciones que pueden aumentar cuando se deterioran las condiciones de higiene y el acceso a agua segura.
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Hantavirus: infección grave asociada con el contacto con roedores silvestres o con sus excreciones.
La acumulación de residuos y el desplazamiento de animales durante las inundaciones también pueden incrementar la exposición de la población a distintos agentes infecciosos.
Dengue y chikungunya: los mosquitos encuentran condiciones favorables
El calor, la humedad y el agua acumulada pueden favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue y la chikungunya.
El riesgo no se limita a las zonas inundadas. Durante las sequías, el almacenamiento de agua en recipientes sin protección también puede generar criaderos si no se toman las precauciones adecuadas.
La OPS recordó que episodios anteriores de El Niño coincidieron con importantes brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos, incluidos los aumentos de dengue registrados en 2023 y 2024.
Además, las temperaturas más elevadas pueden facilitar que los vectores sobrevivan en regiones donde antes encontraban condiciones menos favorables. Esto podría modificar la distribución geográfica de algunas enfermedades, aunque el impacto dependerá de las características climáticas y sanitarias de cada territorio.
Serpientes, alacranes y roedores: otros peligros de las crecidas
Las inundaciones también pueden desplazar animales hacia viviendas y áreas urbanizadas, aumentando el riesgo de encuentros con serpientes y alacranes.
Ante una mordedura de serpiente o una picadura de alacrán, la recomendación es buscar atención médica de inmediato. No se deben realizar torniquetes, cortar la herida ni intentar succionar el veneno.
En caso de encontrar una serpiente dentro de una vivienda, es importante evitar manipularla y contactar a los servicios municipales de zoonosis o control de vectores.
Las autoridades sanitarias también recomiendan utilizar botas adecuadas al caminar por zonas anegadas, evitar el contacto directo con agua contaminada y mantener al día la vacunación de los animales de compañía.
La vacunación, una herramienta clave de prevención
Las emergencias climáticas pueden dificultar el acceso a los centros de salud e interrumpir las campañas de inmunización. Si estas situaciones coinciden con bajas coberturas de vacunación, aumenta la vulnerabilidad frente a enfermedades prevenibles, como el sarampión.
Los niños, las embarazadas, los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas requieren especial atención durante estas emergencias.
Por eso, los especialistas insisten en la importancia de completar los esquemas de vacunación correspondientes a cada edad y condición, además de reforzar las medidas de higiene, el consumo de agua potable y la correcta manipulación de los alimentos.
Qué se espera para los próximos meses
Las previsiones indican que El Niño podría alcanzar su mayor intensidad entre fines de 2026 y comienzos de 2027. Sin embargo, sus consecuencias no serán iguales en todos los países: algunas regiones podrían enfrentar precipitaciones extraordinarias e inundaciones, mientras que otras tendrían que afrontar sequías prolongadas.
La OPS y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) destacan la importancia de anticipar medidas de prevención, fortalecer la vigilancia epidemiológica y preparar los sistemas de salud antes de que se intensifiquen los efectos del fenómeno.
El desafío no consiste únicamente en responder a las emergencias climáticas, sino también en reducir el riesgo de brotes, proteger a las poblaciones vulnerables y garantizar el acceso al agua segura y a la atención sanitaria.
